El 15 de julio de 1976, un comando del Ejército secuestró en pocas horas y en casas distintas a sus padres y sus dos hermanos. Un mes y medio antes se habían llevado a su prima Patricia. Volvió definitivamente del exilio hace una década. Y alguien, o algo, le dijo que escribiera sobre Betina.
"Sigo teniendo alguna esperanza de que mi hermana esté viva en algún lado.” Daniel Tarnopolsky dice la frase en el final de la charla y después de casi dos horas, mientras señala su libro Betina sin aparecer que, en la portada muestra la imagen de una chica linda y de pelo largo, tomada por él mismo en 1975 un año antes que la dictadura secuestrara a la militante de la UES y la encerrara en la ESMA. Si no se conoce la historia de Daniel, y el verdadero motivo que lo llevó a contar qué pasó con su familia diezmada después del golpe de Estado de 1976, la frase parecería similar a la de tantas madres y abuelas que aun sabiendo lo peor, esperan lo mejor. Pero los Tarnopolsky son un caso aparte. Hay varios que le dijeron a Daniel que Betina está viva, y no fueron ni sobrevivientes ni compañeros de cautiverio. Por supuesto, el cronista le cree. “¿Para qué me van a mentir?”, pregunta. Y agrega: “Es algo a lo que recurrí en aquella época, cuando se me cerraban las puertas ‘racionales’, y nadie te decía nada. Hablo del pensamiento mágico, como le dicen por ahí. Muchos familiares hicieron lo mismo, pero no lo reconocieron, hay como una vergüenza intelectual que impide contar esas cosas.”
Las 350 páginas de Betina sin aparecer hablan de “esas cosas”. Escritas en forma de novela, que parecen ficcionadas. Pero que no son ni una novela ni una ficción. Que ocurrieron en la realidad y son tan reales como lo que pasó con el hermano de Daniel, su cuñada, sus padres y su prima, torturados y asesinados por la dictadura.
El 15 de julio de 1976 un grupo de tareas secuestró a Sergio Tarnopolsky y a su mujer Laura, ambos de 21 años, integrantes de la JP y cuadros de Montoneros. La misma noche se llevaron a los padres de Sergio, Hugo y Blanca –en su juventud militantes del PC–, y a Betina, la menor de la familia, que a los 15 años vivía con su abuela y pertenecía a la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) del Normal 11. Un mes y medio antes, Inteligencia del Ejército se había llevado a Patricia, una prima mayor que también formaba parte de Montoneros, lo que en la casa de los Tarnopolsky motivó charlas de si convenía o no irse del país en ese momento. Daniel se quedó sólo con su abuela None, y a las pocas semanas empezó un periplo de exilios que lo hicieron recalar en Chile, Israel y Francia, hasta su regreso a la Argentina en 1984.