Una ventana a un futuro diferente
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El escritor israelí considera que el movimiento de protesta es una ocasión única para la refundación de un país que necesita como pocos la cohesión social
El sábado 30 de julio por la tarde, mientras nos manifestábamos en Jerusalén, miré a mi alrededor y vi un río de gente que recorría las calles. Había miles de personas que llevaban años sin hacer oír sus voces, que habían abandonado toda esperanza de cambio, que se habían encerrado en sus problemas y su desesperación.
"Por primera vez en decenios hay un programa común humano y cívico"
"La ocupación es lo que más ayuda al fracaso del sistema de alerta social"
"Hace tiempo que no hablamos entre nosotros, y más aún que no escuchamos"
El máximo líder que supo tener Israel, David Ben Gurión, afirmó allá por los años cincuenta que Israel sería un país normal cuando tenga sus propios ladrones y prostitutas. Y, quien sabe, si se hubiera referido a la economía, podría haber incluso agregado que también lo sería cuando sus empresas exhiban un país pujante y poderoso, mientras el grueso de sus ciudadanos sean cada vez más pobres.
Buenos Aires, 5 de abril (Télam, por Guillermo Lipis).- Con la aparición de la primera estrella de mañana la colectividad judía comenzará a celebrar la festividad de Pésaj, que recuerda la liberación de la esclavitud en Egipto, el “pasaje” (tal una de las acepciones de la palabra con la que se denomina la festividad) a la libertad.
Otra vez Pesaj. Otra vez la matzá, las aguas del Mar Rojo que se abren, la pelea por cuál parte de la familia celebra cada noche, las diez plagas, el nuevo integrante más chiquito que hace las preguntas, la historia de Moisés, la abuela que ya no está, las charlas en el edificio sobre las similitudes y diferencias con las Pascuas cristianas, el deseo de que todo sea lo más parecido a cuando la abuela vivía. Pero ya no vive.
Según Walter Benjamin, la historia no es una mera suma de momentos, una línea uniforme y continua de causas y efectos, sino un entramado complejo y desigual con puntos luminosos y otros apenas visibles. La tarea del historiador, dice, no consiste en cantar las victorias de los vencedores sino en rescatar la memoria de los vencidos para que cada generación tome a su cargo la tarea de liberar a los oprimidos del pasado.