PURIM ADAR 5786 HAMÁN Y LOS JUDÍOS
Purim no es un cuento de hadas ni una leyenda. Es parte de la historia judía, una historia cíclica. Nos cuenta que, hace 2500 años, el hombre más poderoso del Imperio persa —Hamán— concibió la idea de la “solución final”: eliminar a todo el pueblo judío del mundo (digo “del mundo” porque todos los judíos del planeta vivían dentro del enorme Imperio persa, que se extendía desde la India hasta Turquía, y desde Turquía hasta Etiopía). Una de las 127 provincias del imperio era Judea, donde funcionaba el Bet HaMiqdash y vivían decenas de miles de judíos. La eliminación de los judíos, para Hamán, no era una cuestión de seguridad nacional. No era una guerra contra una nación que provocaba o se rebelaba contra el rey. De hecho, Hamán ocultó su verdadera intención al monarca, porque la aniquilación de los judíos iba contra los intereses de la corona. Pero, astutamente, logró que el rey firmara el edicto genocida casi sin darse cuenta. Hamán también tenía un plan de ejecución. Ideó una estrategia para eliminar a los judíos —una lógica que siglos después sería imitada por los nazis—: invitó a todo ciudadano persa a participar, prometiendo que: “Si el 13 de Adar matas a tu vecino judío —o lo denuncias—, gozarás de total impunidad y podrás quedarte con su dinero, su casa y todos sus bienes”. EL FACTOR RELIGIOSO El detonante del conflicto fue, notablemente, un problema religioso. Para que los ministros respetaran a Hamán a la altura de su cargo ejecutivo, lo invistió no solo como primer ministro, sino también como una figura casi divina, una especie de sacerdote de un dios pagano que merecía una reverencia de culto: Arrodillarse ante él. Quien no lo hiciera no solo desafiaba al rey, sino que negaba la supremacía de la divinidad que Hamán representaba. Mordejai, fiel a su Torá y consciente de que representaba a todo el pueblo judío, se negó a arrodillarse. De esa afrenta surgió el decreto de exterminio contra todo el pueblo de Mordejai, que abrazaba la misma idea monoteísta intolerable para Hamán. Era, en el fondo, la tensión teológica de un sistema totalitario que no podía tolerar a una minoría monoteísta que se negaba a someterse. Al enterarse Mordejai de este edicto, comenzaron complejos malabarismos diplomáticos, sociales y psicológicos por parte de la reina Ester. Hamán, finalmente, perdió la batalla política y fue eliminado. Y al final, los judíos no solo sobrevivieron, sino que también se defendieron y lograron neutralizar a decenas de miles de sus enemigos. Después de haber sufrido amenazas de muerte y extinción, para los Yehudim Purim se transformó en un día de salvación y gran alegría. KHAMENAÍ E ISRAEL Hoy —escribo esto el jueves 26 de febrero— una historia muy parecida vuelve al escenario político internacional. Los protagonistas no son muy diferentes: un líder religioso y político persa chiita —Khamenaí— se ha obsesionado con el pueblo judío. Desde hace décadas, el mundo escucha su mensaje permanente desde Irán: “edictos” en forma de amenazas abiertas de destruir a Israel, de borrarlo del mapa. Y las palabras no quedan solo en palabras. También hay un plan para ejecutar esas palabras: Irán desarrolla armas nucleares y misiles balísticos capaces de portarlas. Irán también invierte una enorme parte de su riqueza en armar, entrenar y pagar los sueldos de sus secuaces (proxies): decenas de miles de terroristas de Hezbollah, Hamas, hutíes, etc., cuya misión es matar a los judíos y quedarse con su tierra. EL FACTOR RELIGIOSO El paralelo histórico es difícil de ignorar. Khamenaí no es un presidente o un líder político más. Ali Khamenei es un clérigo musulmán chiita y líder supremo de Irán desde 1989. Combina autoridad religiosa y poder político . Como si fueran Ajshverosh y Haman combinados en la misma persona. Su liderazgo se basa en la ideología de la Revolución Islámica de 1979, que sostiene que la sociedad iraní no debe ser presidida por un "Sha" o rey o presidente electo: el líder supremo debe ser un clérigo, un líder religioso que proteja a Irán de las influencias occidentales y traiga la época mesiánica chiita. . Dentro de esa plataforma revolucionaria, el régimen iraní considera a Israel un Estado ilegítimo y lo describe —incluso en foros internacionales— como el “satán” o enemigo mortal del Estado islámico. La obsesión Hamánica de Khamenaí es destruir a Israel y esta hostilidad existencial trasciende lo político. Es parte integral y prioritaria de la revolución. La existencia de un Estado judío soberano en una tierra considerada islámica es percibida en su marco ideológico como una anomalía intolerable (“un tumor”, dijo el clérigo, en un lapsus freudiano) que los amenaza. Porque desafía la supremacía del islam. PURIM 2026 Tal como ocurrió en los días de Purim, el pueblo judío —particularmente en Israel— se encuentra hoy en un estado de máxima alerta. Nuestro ejército se está preparando en estos críticos días para múltiples escenarios: defender, atacar o hacer lo que sea necesario para garantizar la supervivencia de nuestro pueblo. La Meguilá describe acciones y decisiones humanas, y aunque el nombre de Dios no aparece explícitamente, la emuná está en el centro mismo de la historia: cuando Ester finalmente toma la decisión de aceptar la misión imposible en la que arriesgaría su vida, lo primero que hizo fue pedir explícitamente a todo el pueblo judío que ayunara y rezara por el éxito de su misión. La historiografía judía de nuestros Sabios afirma que fue esta tefilá pública, profunda, colectiva y sincera lo que ayudó a que Ester triunfara en su difícil misión. Y yo me pregunto si no es hora de que nosotros hagamos lo mismo. Mientras los líderes políticos y militares, los soldados y quienes están preparándose para defender a Israel actúan intensamente en el plano material —defensa, estrategia, espionaje—, ¿no debería el pueblo judío, especialmente quienes no estamos en el frente de combate, y muy particularmente los Yehudim que TODAVÍA vivimos fuera de Israel, aprender e imitar lo que hicieron los judíos fuera del palacio mientras Ester se preparaba para su misión? Si algo hemos aprendido de Purim a lo largo de las generaciones es que existe un plano invisible —nuestra tefilá— que se entrelaza con las acciones militares, diplomáticas y de inteligencia. Sí, según dicen las noticias, el conflicto es inminente; es importante rezar antes de que se desencadene. Una de las novedades de la Meguilá es el timing del rezo: los judíos rezaron antes de que Ester comenzara su misión activa. De modo que, cuando Ester interviene, ya se han acumulado tres días de tefilá colectiva, rogando a Dios por su éxito. ¿No deberíamos estar aplicando esa lección hoy, mañana y en los próximos días? FINAL FELIZ Vivimos días en los que el lenguaje de guerra vuelve a oírse desde Persia. La tensión con Irán parece escalar. El enfrentamiento parece inminente. Pero tenemos que ser muy optimistas. La historia de Purim culmina con la inversión total de los hechos: los perseguidos vencen a sus perseguidores. Los que habían sido condenados a desaparecer prevalecen, por una combinación de acción humana, Tefilá, y Providencia divina desde el anonimato. Purim, este año, no será solo memoria: será también un modelo. Un modelo de inversión de roles, donde quienes amenazan con destruir terminarán siendo derrotados. El ejército judío se prepara para defenderse y atacar a quienes buscan nuestra destrucción. Y quienes no estamos en el frente rezamos y pedimos a Dios que los proteja y los ayude en su arriesgadísima misión, como en los tiempos de Ester y Mordejai. Todo parece indicar que, BE'H nos dirigimos hacia un nuevo Purim.