Jorge Schussheim: “Mi patria es el Once y los macabeos”
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No debe ser sencillo para Jorge Schussheim llenar el casillero de “ocupación” cuando le acercan alguno de esos formularios.
Creador de decenas de publicidades, entre las que se encuentran “No va andar” de Añejo W, o "Estúpido-Estúpida" de Tía María, cantautor de alrededor de doscientas canciones, como “Coca Cola refresca mejor” o “El culo me pesa”, guionista de comedias musicales y revistas para Tato Bores, adaptador de obras teatrales para su esposa la directora Lía Jelín, como “Toc-toc” o “El rey se muere”, artífice del libro “Todo al costo” y “Memoria sin Balance”, de próximo aparición, y chef y gourmet aficionado, este polifacético autor comenzó su entrevista con Plural JAI brindando algunas pistas sobre semejante versatilidad. “Para mí, escribir publicidad, humor, teatro, música, monólogos o reflexiones, es como usar un cortaplumas suizo, es decir dar múltiples usos de la misma herramienta, dando usos que incluso no estaban previstos en algunos casos, ya que la creatividad es justamente utilizar un mismo instrumento para lo previsto y lo no previsto, porque el destornillador grueso, creativamente aplicado, puede destrabar una ventana”, explica, para luego definir que se encuentra en el centro y nudo de ese cortaplumas: “El humor es el lugar donde me siento más cómodo. Todo nace de ahí, y luego lo aplico a los diferentes géneros por los que transito. Pero se trata de un humor serio, sobre temas serios, un humor judío y ácido, que como lo dice la expresión idish, hace “reír con lágrimas”. Esa es una mezcla que me atrae mucho, hacer algo muy chistoso y de golpe meter la puñalada bajo de la cintura, para después volver a hacer reír, y así”.
David Salischiker, Secretario General de Plural JAI, agradeció la presencia de todos los presentes y anunció que, luego de las palabras del Presidente de Plural JAI, el Raúl Stolarza, se proyectaría un corto video que sintetiza un balance de lo realizado por el Movimiento a lo largo del año que concluye.

Los tíos ya los estaban aguardando en Paraguay, desde donde cruzaron de forma ilegal por el río Pilcomayo para entrar a Clorinda, Formosa. Al llegar a la costa, en medio de la lluvia, fueron abordados por un policía montado a caballo que los condujo a su casa, donde incluso los invitó a comer. “Este policía fue muy servicial, pero nos dijo que si no teníamos papeles deberíamos regresar a Paraguay”.

Decepción; previsible quizás, pero no por eso menor. Elegiste profundizar un discurso sesgado en lugar de ayudar a equilibrar una balanza manca. Hay un colectivo que se engolosina demonizando a Israel, que cree que es de buen tono y progresista minimizar las atrocidades de dictadores y teócratas medievales siempre que puedan ser considerados ajenos al campo del Imperio, y que practica el viejo arte del antisemitismo con la conciencia tranquila porque ahora lo llama distinto. Hay, también, un colectivo más amplio de jóvenes que se sienten obligados a mostrar que cumplen con los códigos de su circunstancial tribu progre, y bebe con fruición las frases que debe repetir, de la misma forma que otros buscan las marcas que deben vestir. Una parte importante de esos colectivos se habrá encontrado con tu artículo porque lee el medio en que lo publicaste; podrías haber intentado hacerlos mirar menos dogmáticamente y con una complejidad más madura la realidad. Pero optaste por darles más de lo mismo, sólo que con argumentos más refinados. Qué decepción.