Fracasó por falta de quórum una Asamblea Extraordinaria de la AMIA
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Como movimiento sionista y socialista, luchamos por una paz justa y por una resolución pacífica de los conflictos, que en Medio Oriente se resume en la fórmula “Dos Estados para dos pueblos” en coexistencia y cooperación: Israel y Palestina.
Como quienes sentimos el sufrimiento humano en toda latitud del mundo, no podemos mantenernos impasibles ante la actual vuelta de violencia y derramamiento de sangre entre israelíes y palestinos.

Luis Grynwald, ex presidente de AMIA y referente de Acción Plural, comentó en Radio Jai que nuevamente no se logró llevar a cabo la Asamblea Extraordinaria solicitada: “Alguien dio la orden y no hubo quórum”, en referencia al líder espiritual del BUR, el Rabino Samuel Levín. Los graves temas institucionales siguen sin ser discutidos por los representantes de los socios.


Esa es la guerra que se está librando en este momento entre Israel y Hamas. La guerra de los medios es la que seguramente va a ganar Hamas sin importarle la vida ni propia ni ajena.
¿Por qué construir tuneles con el cemento que Israel le envia para que construya hospitales, escuelas o viviendas dignas para los palestinos?
¿Por qué utilizar los miles de millones de dolares que el mundo les envía para comprar armamento?
¿Por qué no dedicar el esfuerzo en consolidar un Estado?

De manera unilateral, y también a través del Mercosur, la Casa Rosada ha fijado una postura crítica contra Israel en torno a los ataques que lleva adelante en la Franja de Gaza por el conflicto militar que se reactivó con el asesinato de tres jóvenes en Cisjordania.
Cuando, en 1957, un joven revolucionario increpó públicamente a Albert Camus, instándolo a pronunciarse claramente por la independencia de Argelia –aún con toda su violencia- éste respondió, con tono grave: En estos momentos están poniendo bombas en los tranvías de Argel. Mi madre puede estar en uno de esos tranvías. Si la justicia es eso, prefiero a mi madre.
Nadie duda de que se puede criticar legítimamente las decisiones del Gobierno israelí de turno. Menos que nadie los propios ciudadanos de Israel, que lo hacen con fruición porque para eso son ciudadanos de una democracia y no súbditos del tirano de turno, como la mayoría de los árabes de los países que les rodean.