PARA EL JUDAÍSMO, LAS MUJERES JUDÍAS SOMOS CIUDADANAS DE SEGUNDA?
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Para el judaísmo ortodoxo, ¿las mujeres tenemos derechos? Es una pregunta que me he preguntado frecuentemente en los últimos meses. O por decirlo en forma diferente, ¿donde terminan los derechos de los hombres y donde empiezan los míos?
Ante lo que estamos viendo últimamente o tal vez no tan últimamente, sino que ahora se conoce más que antes, uno se cuestiona porque si Dios nos hizo a su imagen y semejanza, hombres y mujeres, la discriminación contra la mujer en ciertos círculos religiosos y ultra religiosos sigue aumentando.
Las noticias son cada vez más preocupantes. Comenzó hace unos años con la agresión a mujeres religiosas que rezaban y cantaban en el Kotel. Ahora aparecen carteles no solo en Mea Sharim, en Beit Shemesh, y otros lugares de Israel, sino también en la diáspora, por ejemplo en Brooklyn, Nueva York (escritos en yidish), prohibiendo a las mujeres judías caminar por la calle principal, o indicándoles que si ven a un hombre religioso caminando hacia ellas deben hacerse a un lado y dejarlo pasar.
Tal como se expresa tanto en su documento fundacional, la Declaración de Independencia, y a través de la voluntad de la mayoría de sus habitantes, es un hecho que Israel debe ser un estado judío. Por judío quedan implícitos dos elementos centrales: el primero, de naturaleza práctica, que la mayoría de sus ciudadanos son miembros del pueblo judío; el segundo elemento es la legitimidad de integrar las tradiciones, cultura, valores, y hasta en algunos casos, legislación judía, en las estructuras públicas, políticas, y legales de la sociedad.
Constituyen algo menos del 10% de la ciudadanía de Israel, aunque son más de la quinta parte de la capital, Jerusalén. Se consideran los preservadores del pueblo, por su dedicación durante siglos al estudio de las Sagradas Escrituras. Pero no pocos de sus conciudadanos los ven como un serio problema social.
Georges Loinger, el ‘pasador de niños’, evacuó a 350 pequeños a Suiza y los salvó del nazismo. A sus 101 años, da charlas para que no se olvide el Holocausto.
La historieta que publicó Página 12 todavía levanta polvareda. Hoy, 27 de enero, el día que la ONU designó como fecha para conmemorar el Holocausto, puede ser una oportunidad para arrimar un par de reflexiones más.
El humor es transgresor; me cuesta encontrarle la gracia a un David Guetto que estimula a los judíos a bailar con la aprobación de un Hitler ansioso por lograr que el judeo-jabón resulte más suave, pero puede que algún lector de Página 12 lo haya logrado. En cualquier caso, no soy de los que creen que el autor de la historieta sea un antisemita ni me parece relevante determinarlo. Sí, en cambio, me pregunto –y me inquieta- qué llevó al diario a publicarlo. ¿Será puro desenfado?
Frente a las dificultades generadas por los males epocales, desde el ámbito de la psicología, la autora propone el trabajo conjunto entre rabinos y analistas como alternativa para poder ofertar en el seno de la colectividad modalidades más amplias de resolución de los conflictos.
TEL AVIV - Un aire soviético recorre barrios enteros de Haifa, Tel Aviv, o Petaj Tikva, donde voces, marquesinas, carteles, diarios, y revistas, solo pueden ser entendidos por inmigrantes rusos. Por eso, en muchas de sus ciudades, Israel es Rusia. No podría haber sido de otra forma, teniendo en cuenta el millón de rusos, un 14 % de la población israelí, que llegó en los últimos 25 años a este país. Y es que una inmigración tan masiva, en un lapso tan reducido de tiempo, difícilmente hubiera dejado de crear su propio gueto, con el que millones de israelíes conviven, aunque no todos aceptan, en un difícil cuadro en el que las mutuas sospechas están a la orden del día, dificultando una asimilación que solo se empieza a ver, aún muy tímidamente, en las nuevas generaciones.