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¡ POBRE DON GIL !


Publicado por: Leonardo Feiguin el 28 Octubre 2014

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¡POBRE DON GIL!
Supongo que eran mellizos
y tal vez fueran gemelos.
Se veían tan distintos
que no parecían serlo:
ambos de oficio albañiles,
uno era mucho más serio
que el otro, al que le gustaba
en demasía el refresco,
mas nunca de cualquier fruta:
al de uva me refiero.
Se llamaban Juan y Gil
pero mientras el primero
era formal, religioso,
más circunspecto y austero,
don Gil se tomaba en solfa
muchas cosas de más peso;
quizás lo de éste se aclare
si en este tramo del cuento
introduzco a su mujer
que no era ningún portento,
y es que era aficionada
también a ese dulce premio
que es pasarse con el vino
después o antes del puchero;
pero en cuanto sucedía
quien “ligaba” era el gamberro,
es decir don Gil el pobre
al que decían “Gil a cuadros”
por las señas que ostentaba
en la cara y en los brazos
de coscorrones, mamporros
que sufría casi a diario.
(En la mitad del romance
sin pudor alguno encaro
una poética licencia
de la rima y subo un cambio).
Como siempre la defino,
la picaresca del pago
preguntaba a la consorte:
“¡Pobre don Gil!¿Qué ha pasado
que tiene esas mataduras?”
“¡Pobre Gil! Es que se ha cáido
otra vé de la escalera;
debe tener más cuidao
pero es un cabesa dura
que no me quiere hacer caso”.
¡Pobre Gil, qué compañera
que le tocó en el reparto!
Su situación, conocida,
lo tenía sin cuidado
y la gente comprendía
que “otra vez se había cáido
de la escalera…de golpes”
que le habían propinado.
¡Pobre don Gil, al suplicio
lo sufría como un santo!

Pablo Schvartzman
C.del Uruguay, 10.10.2014

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