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poema de Pablo Schvartzman: EL SALUDO DEL GATO FELIX


Publicado por: Leonardo Feiguin el 17 Octubre 2014

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EL SALUDO DEL GATO FÉLIX

Bravo verano entrerriano
de mil nueve treinta y siete.
Llega un pequeño europeo
que dice llamarse Széilik.
Al toque la picaresca
lo bautiza “Gato Félix”.
¿Estonio, letón, lituano?
Es de la Europa del Este;
yo supongo que es rumano
pues dice “yo bucureshti”.
Dice tener familiares
cerca del “pueblito este,
pero no gustarme el ruido”
y quiere aquí establecerse.
Parece ser religioso,
viste como buen creyente:
sombrero, ropas obscuras
y gasta unos gruesos lentes,
habla poco castellano,
profesión o empleo no tiene
y afirma que tratará
de vender entre las gentes.
Se agencia de un cajoncito
que llena de pequeñeces:
jabones, agua florida,
hilos, peinetas y peines,
la gomina, el polvotalco,
cordones, medias, soquetes.
El más audaz de la barra
lo alecciona en sus deberes:
--Hay que saber saludar,
ser amable y complaciente
y, en especial, al llegar:
“¡Buen día carajo, gente!”
con voz alta y resonancia;
así conquistás el cliente…
Y el pobre gringo salió
justo a la siesta, creyente
de estar muy bien preparado
sin traspiés ni inconvenientes.
Claro, en su primer parada,
en el patio había un durmiente
en plena siesta de estío;
le gritó con voz muy fuerte
eso de ¡Buen día carajo!
Pegó un salto el gordo jefe,
sacó debajo la almohada
un facón de un metro veinte
y amenazó al pobre gringo:
--Yo te viá dar, mequetrefe,
carajiarme sin rispeto;
te viá achurá hasta el ojete.
Parece que se asustó
en gran forma el Gato Félix,
de inmediato se ausentó
sin deseos de volverse.
No faltó el vivo del pueblo:
que al saber del incidente,
siguió repitiendo aquello
de que “el Juan lo corrió al Féli;
será que entuavía corre
anque ya han pasao seis mese”…

Pablo Schvartzman
2.10.2014

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