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LOS JUDÍOS ITALIANOS EN LA ARGENTINA DE LOS AÑOS ’30 y ’40. (1)


Publicado por: David Salischiker el 16 Agosto 2010

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Autor: 
Prof. María Esther Silberman de Cywiner*
Fuente: 
MILIM REVISTA DIGITAL - 15-08-2010

 

Haber sido invitada a hacer uso de la palabra en un acto de conmemoración del 64º Aniversario del levantamiento del Ghetto de Varsovia es, a todas luces, un privilegio.
Y digo privilegio concediéndome, por un momento, ser yo misma un resonador que potencia el sentir de cada uno de nosotros; porque la palabra opera desde un lugar excepcional cuando puede libremente expresar emoción y pensamiento.
Todos sabemos por qué estamos aquí; por qué hemos acudido a la cita que cada año nos convoca. Y, aunque se nos encoge el corazón cuando pasamos revista a los brutales acontecimientos padecidos por cientos de miles de seres humanos, renovamos el compromiso de honrar su heroica determinación -su coraje por amor a la libertad, por repudio al sometimiento y la injusticia-, cada vez que los iluminamos con la luz de la memoria. Este es nuestro sincero homenaje a tanto valor, a tanta desesperanza.
 

La diáspora de judíos italianos a partir del año 1938 trajo al puerto de Buenos Aires, en la Argentina, figuras de intelectuales que dieron lustre y prestigio con su presencia a la cultura del país, sin olvidar que la Universidad Nacional de Tucumán y otras del interior, les abrieron sus puertas para que en ellas volcaran su experiencia y su saber.
Ellos y sus familias no eligieron exiliarse de su patria para buscar mejores condiciones económicas o por razones políticas. No tuvieron otra alternativa más que escapar de la persecución étnica y de la segregación racial vigente en Italia durante el segundo período del gobierno fascista de Benito Mussolini, cuyo Decreto de septiembre de 1938, "Medidas para la defensa de la raza en la escuela fascista" hizo el efecto de un veneno mortal inyectado en las propias venas de la sociedad italiana en su conjunto, tradicionalmente abierta y desprejuiciada en cuanto al componente semita de los judíos italianos. Ellos, los judíos italianos, sintieron la humillación de verse privados de los derechos de ciudadanos comunes que habían alcanzado con la instauración de la República en 1860.

Cuando los israelitas obtuvieron su condición de ciudadanos y pudieron elegir libremente cómo y dónde vivir, hicieron lo posible por asimilarse al resto de la población; y lo lograron hasta tal punto que ellos mismo admitían que la "italianidad" era un sentimiento tan propio que nunca se habían cuestionado problemas de doble lealtad en relación con su condición hebraica. No era algo que interfiera en su identidad como italianos, o como venecianos, turineses, triestinos, genoveses, etc. Cuando su patria los había necesitado habían servido en el ejército italiano, y podían mencionar nombres de memorables generales y soldados israelitas que fueron honrados como héroes de guerra en las contiendas con Austria, en la primera Guerra Mundial.
Pero la aplicación de las leyes raciales en Italia, la experiencia del exilio forzoso y de la guerra puso en emergencia la identidad de muchos italianos judíos "aculturados". Aquéllos que nunca se habían cuestionado ser diferentes del resto de la sociedad italiana, se vieron víctimas de un plan sistemático de exclusión primero y de eliminación después. Era inevitable reflexionar entonces acerca de su condición judía.

No todos pudieron o quisieron dejar Italia. Muchos subestimaron el peligro que se cernía sobe ellos por el simple hecho de no pertenecer a la raza aria, y no lograron ponerse a salvo durante la ocupación del Norte de Italia por el ejército nazi.
Entre los intelectuales italianos israelitas arribados a nuestro país entre las décadas del '30 y el '40, se dio el hecho de que alguno de ellos descendían de judíos españoles radicados en la península itálica durante las sucesivas olas migratorias llegadas desde España – 1391 y 1492 principalmente- en busca de otros destinos más seguros a lo largo y a lo ancho de la cuenca del Mediterráneo y aún más allá. Otros, con gran orgullo atestiguaban el arraigo de sus familias desde quinientos años atrás y aún más, desde la época del Imperio romano. Eso se podía advertir en los apellidos que no denunciaban un origen hebreo en la mayoría de los casos, lo cual hacía más dificultosa la identificación con un tronco étnico centroeuropeo, o sefardí. Tal vez esa fue una de las razones por la cual en Italia no fueron estigmatizados por sus apellidos.

Durante su permanencia en Italia no se problematizaban en cuanto a su condición de judíos sefardíes o ashkenazíes. Eran simplemente israelitas. En todo caso, eludían el gentilicio giudeo porque no les sonaba bien. La mayoría de ellos hablaban italiano, con particularidades dialectales, pero no conservaron la lengua vernacular de los que llegaron desde España, el djudeo-español o djudezmo, también denominado ladino. Esta lengua caracterizó a los inmigrantes arribados a nuestro país en las primeras décadas del siglo XX procedentes desde el Imperio Otomano, particularmente desde Turquía, el Egeo, los Balcanes y Marrueco.
Los que llegaron a Tucumán

1938.- Arribaron a Tucumán el matemático Alessandro Terracini, su esposa Giulia, sus tres hijos: Lore (14) Cesare (12) y Benedetto – por Baruj-(8). Regresaron a Italia entre 1947 y 1948. Alessandro falleció en 1968. Su hijo Cesare murió víctima del cáncer antes de cumplir cuarenta años. Su hermana, Lore, también murió a causa de igual enfermedad en el año 1995. Su hermano Benedetto, el menor de los Terracini, se recibió de médico y residía en Turín, al menos hasta el año 1999.
 

1941.- Arribaron a Tucumán su hermano, lingüista, Arón Benvenuto- por Benveniste- Terracini (viudo), su hija Eva (24) y su madre Eugenia Levi (viuda). Al finalizar la contienda, regresaron a Italia. Pero su hija Eva regresó a Buenos Aires para casarse con un judío alemán. Allí formó su familia. Y Benvenuto, su padre, se repartió entre Turín y Buenos Aires para compartir con su familia hasta que falleció también en 1968.

1938.- Arribó a Tucumán Renato Treves, abogado, especializado en Filosofía del Derecho, llegó solo. Se casó aquí con Fiammetta Lattes. Tuvieron tres hijos.
Estas dos familias de italianos israelitas, los Terracini y los Treve – según cuenta Lore Terracini- eran las únicas arribadas a Tucumán. Cuando ellos partieron de regreso a Italia, en 1947-8, llegaron desde Córdoba la familia del Dr. Rodolfo Mondolfo y la familia Turin, también israelitas.
En Buenos Aires, en cambio, había muchos judíos italianos que se conocían entre sí. También los había en Córdoba, Mar del Plata y Rosario. Cuando los Terracini viajaban a la Capital tenían muchos parientes a los cuales visitar, los Luzzati, los Debenedetti y otros amigos más.

1939.- Arribó a Buenos Aires el Dr. Rodolfo Mondolfo, filósofo especializado en "Historia de la Filosofía"; su esposa, médica patóloga, Augusta Algranati, sus hijos casados, Ugo y Silvano, también médicos. Estuvieron dos años en la capital. Pasaron luego a Córdoba donde enseñó en la Universidad "Lengua griega" y dirigió un Seminario de Filosofía Antigua en 1941. En 1947 lo contrató la Universidad Nacional de Tucumán. Dirigió el Instituto de Filosofía y dictó "Historia de la Filosofía Antigua". Su esposa, hacía investigación en el Instituto "Miguel Lillo" de la U.N.T.

En 1950, repentinamente, falleció Augusta a los 62 años, lo cual resintió la salud del Doctor Mondolfo. Y en 1952 regresó a Buenos Aires para estar cerca de los hijos. Falleció en 1976, próximo a cumplir los cien años.

Relata la Dra. Guillermina Garmendia de Camusso, discípula y amiga de la familia Mondolfo, que al fallecer la Dra. Augusta Algranati, sus restos fueron depositados provisoriamente, durante un mes, en el mausoleo del cuñado de la Dra. Garmendia de Camusso, Miguel Fuentes, en el Cementerio del Oeste, hasta que los trámites administrativos permitieron el traslado de sus restos desde Tucumán a Buenos Aires, donde está enterrada, en el Cementerio Israelita de La Tablada, junto a los de su esposo.

Invitado por la Universidad Nacional de Tucumán, visitaba por esos años la Casa de Altos Estudios el matemático Beppo Levi, de reconocido prestigio académico, fundador del Instituto que lleva su nombre en la ciudad de Rosario, donde se había establecido con su familia. Nunca quiso regresar a Italia y permaneció en la Argentina hasta 1961, año en que falleció.

De los intelectuales italianos refugiados en nuestro país algunos se afincaron aquí. Y aunque otros regresaron al finalizar la guerra, mantuvieron vínculos con nuestro país e instituciones, como en el caso de la Dra. Lore Terracini, quien regresó en numerosas oportunidades al país y a nuestra Facultad de Filosofía y Letras de la UNT. Habiendo recibido su título universitario de Prof. en Letras, siempre guardó un afecto muy especial por nuestra Facultad. Y lo hizo efectivo cuando antes de morir testó para que su biblioteca fuera trasladada desde Turín, en Italia, hasta Tucumán, a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT. Todo se cumplió como ella había querido. Falleció en 1995. Sus libros y demás documentos están en la biblioteca de nuestra Facultad, en un espacio especialmente asignado para resguardar ese tesoro bibliográfico. Entre sus libros, Lore Terracini reunió un material abundante y muy valioso sobre cultura judía, europea, oriental, israelí, dando así testimonio de una faceta de su personalidad profundamente consustanciada con sus raíces judaicas.

Al igual que los Mondolfo, los Terracini (Alessandro, Benvenuto y Lore), dejaron la huella de su paso por esta Provincia, lo que nos honra y nos obliga a un homenaje en su memoria.

Un dato importante que nos ha hecho reflexionar sobre el sustrato sefardí de algunos de los emigrados que estuvieron en Tucumán es el apellido de la esposa del Dr. Rodolfo Mondolfo, la Dra.Augusta Algranati.

En San Miguel de Tucumán vive la familia Algranatti ( con dos t), cuyo padre, don Víctor Algranatti, ya fallecido, fue miembro fundador de la Asociación Israelita Sefaradí de Beneficencia de Tucumán. Llegó a la provincia en 1916 a los catorce años procedente de Esmirna, Turquía. Su madre, doña Catalina Taranto y él se expresaban en lengua judeo española. Su padre, Jacobo, había fallecido en Esmirna. Esta familia, sin dudas, había tenido sus antepasados en España o Portugal, antes de salir por razones religiosas, fuera que emigraron como consecuencia del edicto de 1492, o aún antes, con las matanzas de 1391. De algún modo llegaron al Imperio Otomano. Más precisamente, a la ciudad de Esmirna, en Turquía. Ellos eran los descendientes de esa generación de expulsados.

La familia de Augusta, indudablemente debió seguir igual derrotero, sólo que quedaron arraigados en Italia y no buscaron ir más allá, como pasó con muchos hispano hebreos que siguieron hasta el Oriente medio, o los Balcanes.

De la familia Terracini, la abuela Eugenia Levi, posiblemente tenía sus ancestros procedentes del Levante o bien de España. La ausencia de un sustrato lingüístico judeo-español en las familias italianas israelitas no era razón suficiente para descartar su procedencia del tronco sefardí. Se sabe de la gran movilidad de los grupos judíos de lengua árabe procedentes tanto del Norte de África como desde Damasco, en Siria, que se desplazaron hasta la Península itálica y dejaron su impronta allí. Algunos cruzaron desde Túnez, y se asentaron en Milán, Venecia u otros centros importantes del Piemonte italiano. Muchos atravesaron el Atlántico hasta el Río de la Plata y llegaron al puerto de Buenos Aires como emigrados italianos judíos. Todo esto no se dio en una ni en dos generaciones. Hicieron falta varios siglos de olas migratorias para finalmente ver afianzarse una comunidad.

Los nombres de los dos hijos de Eugenia Levi, Arón Benvenuto Terracini, y Alessandro, indicaban por la elección, su condición hebraica. En el primero, el nombre bíblico, Arón; así como Benvenuto, que es la versión italiana del hispano hebreo Benveniste (por Bienvenido), nombre frecuente entre los judíos que vivían en España. Y también era de uso común y frecuente entre los sefardíes que residían en Turquía. Aún hoy se escucha con frecuencia empleado en el apellido de los descendientes de sefardíes, en Francia y otros lugares de Europa. Tal como el famoso lingüista, Émile Benveniste.

En cuanto a Alessandro, debemos decir que, por razones históricas, es uno de los nombres predilectos entre los judíos, y particularmente los sefardíes. O sea que tanto en un caso como en el otro, hallamos vestigios de cultura judía sefardí en el seno de la familia.

Para reforzar nuestra argumentación, citamos el testimonio de la señora Lidia Camerino de Vigevani (2) de 93 años, israelita nacida en Venecia que llegó en 1938 a la Argentina. Respecto a la condición sefardí de muchos israelitas italianos expresaba lo siguiente:

"Los historiadores explican que, en muchos lugares de Italia y del Mediterráneo en general, se habían desarrollado pequeñas comunidades a partir de antiguos asentamientos judíos, y que éstas fueron engrosadas por judíos españoles después de la expulsión de 1492, aunque otra gran expulsión había tenido lugar un siglo antes, con las matanzas de 1391, y ya en aquella oportunidad muchos judíos españoles habían dirigido sus pasos a Italia, principalmente a Génova.

Esos judíos que llegaron de Sefarad en número importante traían con ellos sus costumbres y su idioma, que no era otro que el español de la península. Pero contrariamente a lo que pasó en Turquía o en los países balcánicos, en Italia el español fue perdiéndose, tal vez porque el italiano, al ser una lengua latina, les resultaba fácil de asimilar, lo que no sucedió en los países donde se hablaban lenguas eslavas y orientales.

[...] (En Venecia) había un pequeño núcleo de familias – muy ricas- descendientes de judíos alemanes, rusos y austríacos, llegadas en los siglos XVII y XVIII...o aún antes. A partir de la segunda generación, ellos también ya hablaban el italiano. De todos modos, creo que podemos afirmar que la gran mayoría de los judíos de Italia somos sefaradíes".

Para concluir, diremos que en relación a los nombres y apellidos, hubo un proceso de adaptación, por ejemplo, traduciéndolos de su original hebreo a la lengua regional. Tal el caso de Coen o Cohen, que en hebreo alude a quienes pertenecen a la tribu de los "sacerdotes destinados al cuidado del Tabernáculo" y que en España e Italia adoptó la forma Sacerdote o Sacerdoti (pl); el de Jazán, que en hebreo designa al "cantor litúrgico", traducido en la península como Cantore; el de Haïm, que en hebreo significa "vida" y fue adoptando diversas formas para designar tanto apellidos como nombres: Vita, Vital, Vidali, Vitale, en Italia; y en España: Vida, Vidas, Vidal y Jaime, frecuente en Portugal. En el caso de un nombre como Baruj, que en hebreo significa "bendito" en alusión al Creador del Universo, en latín se dice "benedictus" y de él derivan nombres como Benedicto, Benedetto y Benito. En el caso de Ashkenaz, que en hebreo significa "procedente de Germania", se tradujo como Tedescho, Tedeschi (pl), sinónimo de alemán o germánico. En el siglo XVI, en España, se llamaba 'tudescos' a los alemanes, tal como los nombra Cervantes en su Quijote de 1615.
 

* Prof. María Esther Silberman de Cywiner
Facultad de Filosofía y Letras. U.N.de Tucumán.
"El sefardismo. Raíces. Tradición e identidad cultural".


NOTAS

  1. Lo que aquí se expone se basa en la ponencia "Vestigios de Sefarad. De Italia con amor", presentada y leída en el Seminario: "Los intelectuales italianos en Argentina durante las décadas del '30 '40: El caso de Tucumán", realizado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán,Argentina, entre el 15 y el 16 de noviembre de 1999. Se trata de una síntesis actualizada de lo presentado.
  2. Ver en Hélène Gutkowski (1999), Érase una vez... Sepharad. Los Sefardíes del Mediterráneo. Su Historia. Su Cultura. 1880-1950. Testimonios, Ed. Lumen, Buenos Aires, Rep. Argentina, pp 90-101.
  3. Ver en el capítulo LIV, donde se narra el encuentro de Sancho Panza con el moro Ricote y los peregrinos tudescos, que venían todos los años a España con la excusa de visitar los santuarios y cantando solicitar limosna; pero en realidad, para hacerse de una pequeña fortuna en escudos de oro que lograban sacar fuera de las fronteras ocultas entre sus ropas o instrumentos.

BIBLIOGRAFÍA

  • Constenla, Julia (Coord.),1993;Yo, italiana. Historias de vida de mujeres inmigrantes. Tiempo de ideas. Montevideo, Uruguay.
  • Gutkowski, Hélène,1999; Érase una vez...Sefarad. Los Sefaradíes del Mediterráneo. Su Historia. Su Cultura. 1880-1950.Testimonios. Editorial Lumen. Buenos Aires, República Argentina.
  • Smolensky, Eleonora M./Vigevani Jarach, Vera,1999;Tantas voces, una historia. Italianos judíos en la Argentina (1938-1948). Ed.Temas Grupo Editorial S.R.L.. Buenos Aires, Argentina.
  • Terracini, Lore;"Cacciati dalla scuola. Carteggio hebraico '38".En Belfagor, XLV, n.4, Iuglio, Firenze, 1990, pp.444-450.
  • Terracini, Lore;"Minima personalia. Un lingüista in casa". En Belfagor, LI, n. 2. Marzo, Forenze, 1996, pp.223-230.
     

 

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