Carta Abierta al Mundo Arabe

Posteado el Sáb, 19/12/2009 - 23:54
Autor
Danny Ayalon
Fuente
Iton Gadol - Cidipal

 
En un artículo histórico y sin precedentes, Ayalon llama al mundo árabe a aceptar la mano extendida de paz y fraternidad de Israel. El Vice Ministro de RREE insta al mundo árabe a avanzar y unirse a Israel para derrotar a las fuerzas del extremismo y la destrucción en Medio Oriente. Irán y sus seguidores terroristas por un lado y, por el otro,  el cambio climático son cuestiones que amenazan tanto a árabes como israelíes. Es, con seguridad, tiempo para mirar al futuro y romper con intransigencias pasadas para crear un mejor futuro para todos los pueblos de la región.

Para ser capaces de enfrentar esos,  y otros tantos desafíos, Ayalon declara que necesitamos romper con los paradigmas del pasado. “El pueblo judío está aquí por nuestros derechos históricos, legales, morales y nacionales”. “Israel llegó  muy    lejos y está preparado para hacer su parte. Pero,  debemos encontrarnos con una contraparte dispuesta. Sin eso, la región está condenada a más conflicto y negará – para Medio Oriente- la unidad de propósito necesaria para enfrentar los desafíos crecientes desde afuera y adentro”.
                                                                     
 
 

Carta Abierta al Mundo Árabe
Por Danny Ayalon

 
Desde el reestablecimiento de nuestro Estado, los líderes israelíes buscaron  la paz con sus vecinos árabes. Nuestra Declaración de Independencia, el documento fundacional de Israel,  que expresó nuestros anhelos y sueños dice: “Extendemos nuestra mano a todos los estados vecinos y a sus pueblos en un ofrecimiento de paz y buena vecindad, y les pedimos establecer lazos de cooperación y ayuda mutua”. Esas  palabras son tan verdaderas hoy como cuando fueron escritas por primera vez,  en 1948. Lamentablemente, 61 años después, sólo dos naciones, Jordania y Egipto aceptaron  esos principios e hicieron la paz con el Estado judío.
 
Hace poco, el gobierno israelí dio pasos significativos para recomenzar las negociaciones con los palestinos y llegar al mundo árabe. En junio, en su discurso en Bar-Ilan, el Primer Ministro Netanyahu expresó, con claridad,  su aceptación de un Estado palestino viviendo lado a lado en paz y seguridad con el Estado de Israel. Mi gobierno eliminó  cientos de controles de carretera para mejorar el acceso y el movimiento de los palestinos y ayudó haciendo viable  los desarrollos económicos en la Margen Occidental, a través de la  cooperación estrecha con las entidades internacionales, agilizando  proyectos y eliminando cuellos de botella.
 
Por último  y,  tal vez, lo más importante, un gobierno de derecha, en un movimiento sin precedentes, declaró  que podría abstenerse de construir nuevos asentamiento en la Margen Occidental. Todos esos movimientos juntos demuestran, con amplitud,  el deseo de paz israelí.
 
Este gobierno israelí está, además, comprometido en extender una mano a todos nuestros vecinos árabes, líderes y ciudadanos,  uniéndonos  para enfrentar algunos de los principales desafíos que afrontamos todos en los años por- venir.
 
Por primera vez,  en años, nos encontramos del mismo lado, buscando sofocar y derrotar a las fuerzas del extremismo y la destrucción en nuestra región. Mientras muchos ven la amenaza de Irán dirigida solo  hacia Israel, nosotros,  en la región,  sabemos que es diferente. Juntos entendemos la amenaza que emana del régimen extremista de Teherán; un régimen que busca exportar su ideología extremista en la zona y más allá, mientras que arma grupos terroristas que buscan desestabilizar a los regímenes sunníes moderados y tienen, como objetivo, el control hegemónico de Medio Oriente y más allá.
 
El régimen iraní tiene muchos tentáculos diseminados a través de la región que siembran la destrucción y el dolor en medio de la población.
El enemigo del pueblo de Líbano no es Israel, sino Hezbollah.
El enemigo del pueblo palestino no es Israel, sino Hamas.
El enemigo del pueblo egipcio no es Israel, sino los grupos militantes islamistas de oposición.
Todos esos grupos, y muchos otros,  reciben sus directivas  desde Irán, que desea controlar y suprimir todas las aspiraciones libertarias y el avance en  la región.
 
Irán busca mantener una zona entera, incluyendo a su propio pueblo, para rescatar y mantenerlo involucrado en conflictos,  orquestados y dirigidos desde Teherán. Si es en Marruecos, Irak o Yemen, Irán está, de manera constante,  interfiriendo con la soberanía árabe para su propia vil ganancia. Israel y sus vecinos sunníes también están en la mira de Khameini, Ahmadinejad y sus subordinados.
 
Si Irán es capaz de obtener armas nucleares, la situación se torna inexplicable e inexorablemente peor. El régimen iraní  demostró  que, si se siente ilimitado en su habilidad de dominar nuestra región, un paraguas nuclear  logrará envalentonar a sus acólitos a actuar,  sin restricción,  en detrimento de todos nosotros. Sólo juntos podemos afrontar esta amenaza y eliminarla.
 
Otra cuestión en común, que conlleva la voluntad política en común para ser vencida, es la amenaza del cambio climático en nuestra región. Muchos informes y organizaciones están ubicando a Medio Oriente como la  zona que sufrirá gravemente, ya que,  las lluvias,  son menos frecuentes y las temperaturas van en aumento.
 
Hace poco, académicos internacionales -líderes en cambios climáticos-  se reunieron en Copenhague y publicaron un importante informe sobre la cuestión. Alegaron que, el cambio climático,  exacerbará los conflictos e incrementará las tensiones y la violencia entre los grupos que compiten. Ya estamos presenciando los derechos al agua y la creciente desertificación como razones subyacentes para la intensificación de los peligros en nuestra región.
 
“Hacer florecer el desierto” fue  un componente central del ethos sionista y, por décadas, fue exitoso. Israel fue capaz de convertir al desierto en tierra cultivable y paisajes estériles en bosques. De manera constante,  compartimos nuestros milagros agrícolas con nuestros amigos en África y Asia y,  por esta razón,  es que muchos países en vías de desarrollo del mundo buscaron asociarse con Israel en el tratamiento de sus propios desafíos agrícolas.
 
Sin embargo, en 1948, los padres fundadores escribieron: Israel está preparado para hacer su parte en un esfuerzo común para el avance de todo Medio Oriente. Nuestros socios en la paz, Jordania y Egipto y, en especial,  la Autoridad Palestina, dan fe de nuestros esfuerzos en esa dirección. Israel  cooperó  activamente con Egipto en el “Proyecto Mubarak” para el establecimiento de un sistema muestra de riego en Nubariya y entrena, cada año, a cientos de jordanos en Israel, en campos como métodos agrícolas ecológicos sustentables.
 
Para que seamos capaces de enfrentar esos  y muchos otros desafíos necesitamos romper con los paradigmas del pasado. El pueblo judío está aquí por nuestros derechos históricos, legales, morales y nacionales.
 
Aquellos opositores,  que no pueden tolerar la  presencia política judía en la región,  nos condenarán a muchas más décadas de conflicto e inestabilidad. Es tiempo que surjan líderes valientes en el mundo árabe como fue el presidente egipcio Anwar Sadat (1979) y el Rey Hussein de Jordania (1994), y reconozcan que la coexistencia pacífica es mucho mejor para nuestros pueblos que hacer perdurar el conflicto y la enemistad.
 
Reconocemos que, la Iniciativa de Paz Árabe, es un documento importante, y es bienvenido en Israel como ruptura a la negativa de un reconocimiento árabe de Israel. Sin embargo (como impone la A.P. a Israel sobre el proceso de paz) permanece congelada en 1993.
 
Desde el histórico apretón de manos entre el Primer Ministro israelí Yitzhak Rabin y el Presidente de la OLP Yasser Arafat en la Casa Blanca, Israel tomó  la posición palestina con la mayor calma, tanto política como estratégicamente.
 
Tanto en 2000 en Camp David como en 2008 durante el proceso de Anápolis, los primeros ministros israelíes ofrecieron  a los palestinos todo lo posible para alcanzar la paz y, en ambas ocasiones, el liderazgo palestino rechazó esas ofertas. La A.P., como la Iniciativa de Paz Árabe, mantienen, todavía,  sus posiciones más maximalistas y no se movieron – desde 1993- ni un centímetro hacia Israel. Esas posiciones son, desde ya, insostenibles para la paz y reflejan una visión del mundo que ignora los significativos gestos de Israel y busca hacer respetar una solución que significará el fin para el Estado judío. Las recientes declaraciones de palestinos y de la Liga Árabe sólo hacen valer esta visión.
 
Seguramente, es tiempo de mirar hacia el futuro y romper con las intransigencias del pasado para crear un mejor futuro para todos los pueblos de la región. Israel llegó muy lejos y está preparado para hacer su parte pero debemos contar con una contraparte dispuesta. Sin ello, la región está condenada a más conflicto y negará la unidad de propósito en Medio Oriente, tan necesaria para afrontar los crecientes desafíos provenientes del afuera y el  adentro.
 

 
 

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