Consejo de Injusticias Humanas de la ONU

Posteado el Mar, 20/10/2009 - 12:33
Autor
David Harris*
Fuente
Huffington Post

 
Algunas votaciones son eminentemente poco memorables. Otras no lo son.
 
La votación de hoy en el erróneamente denominado Consejo de Derechos Humanos de la ONU, pertenece a la segunda categoría. Si bien las denuncias contra Israel son frecuentes en el Consejo, esta votación permite echar una mirada a las almas de los 47 estados miembro que actualmente pertenecen a este organismo con sede en Ginebra, y lo que allí vemos se recordará por siempre.
 

En efecto, se planteó a los países un conjunto simple de preguntas
 
¿Podían diferenciar entre un estado democrático, Israel, y una entidad terrorista, Hamas?
 
¿Podían recordar que una nación, Israel, se había retirado totalmente de Gaza en 2005, mientras que otro grupo, Hamas, había tomado el control dos años después, derrocando a la Autoridad Palestina y fortaleciendo los vínculos con Irán, que financia terroristas, y les suministra armas?
 
¿Podían reconocer el legítimo derecho de una nación, Israel, a la autodefensa contra un actor no estatal, Hamas, que abiertamente declara su deseo de borrarlo del mapa?
 
¿Podían diferenciar entre el pirómano del conflicto, Hamas, y el bombero, Israel?
 
¿Podían comprender el desafío implícito para un ejército, en este caso el de Israel, de arrancar de raíz una infraestructura terrorista, la de Hamas, profundamente incrustada en la población civil?
 
¿Podían reconocer lo que resultó obvio para un oficial militar británico de alto rango, el Coronel Richard Kemp, que una de las partes del conflicto, Israel, había hecho enormes esfuerzos para evitar bajas civiles?
 
¿Podían admitir que el Consejo de Derechos Humanos de la ONU está tan visceralmente en contra de Israel, según lo demostró el hecho sorprendente que 80% de las resoluciones aprobadas en el curso de los últimos tres años se centraron sólo en Israel, que no se lo puede considerar un organismo objetivo?
 
¿Podían reconocer que el mandato del Juez Richard Goldstone y sus tres colegas, incluyendo a uno que había condenado públicamente a Israel antes de incorporarse al grupo, era inherentemente tendencioso, y tenían a su cargo investigar lo que ya se consideraban “crímenes de guerra” de Israel, haciendo caso omiso al mismo tiempo de los miles de ataques de Hamas con misiles y morteros que precedieron el ingreso de Israel a Gaza?
 
¿Y podían aceptar que la resolución sólo hablaba de Israel, no de Hamas?
 
El veredicto ya se conoce.
 
Veinticinco países votaron a favor de la resolución.
 
En la mayoría de los casos, no hubo sorpresas.
 
Todos los miembros de la Liga Árabe y la mayoría de la Organización de la Conferencia Islámica votaron unánimemente condenando a Israel, lo que no es ninguna novedad.  
 
 
Y los peores transgresores de derechos humanos, con toda naturalidad, apoyaron la resolución, felices de alejar una vez más la atención de sus propios, vergonzosos historiales. Esto tampoco es una novedad.
 
Pero hubo algunas sorpresas desafortunadas, particularmente Argentina, Brasil y Chile.
 
Como países democráticos, deberían haber actuado mejor. ¿Les resultó más beneficioso oponerse a Israel que apoyarlo, o al menos abstenerse? ¿O los motivó alguna idea extravagante y abstracta de los derechos humanos, totalmente alejada de la realidad, a miles de millas de Medio Oriente?
 
 
Hubo luego seis países - Hungría, Italia, Países Bajos, Eslovaquia, Ucrania, y Estados Unidos – que hicieron frente a la turba y votaron contra la resolución, exhibiendo claridad moral y principios políticos. Merecen aprecio y reconocimiento.
 
Deberíamos recordar a esos seis países, así como recordamos a los que se opusieron a la mentalidad de rebaño en abril en Ginebra, en la denominada Conferencia de Durban II, que de manera similar distinguió a Israel en su denuncia --Australia, Canadá, República Checa, Alemania, Italia, Países Bajos, Nueva Zelanda, Polonia y Estados Unidos.
 
Y están también los otros 16 países que no votaron a favor de la resolución, algunos absteniéndose, otros ausentándose de la sala.
 
En un ambiente multilateral, esas acciones a veces representan actos de valentía. No siempre, empero.
 
Fue lamentable que Gran Bretaña y Francia, con su profunda comprensión de las realidades de Medio Oriente, no estuvieran en la sala para emitir su voto negativo. Deberían haber estado.
 
Por otra parte, felicitaciones a México y Uruguay, los únicos países latinoamericanos del Consejo de Derechos Humanos que no votaron a favor.
 
Y fue gratificante ver a varias naciones africanas - Angola, Burkina Faso, Camerún, y Gabón – alejarse del resto de su grupo y no avalar una resolución parcial que incluso Richard Goldstone condenó hoy por su inherente injusticia.
 
El coraje y los principios siempre escasean.
 
Cuando aparecen, como lo demostraron varios países en Ginebra, se los debe reconocer. Pero cuando se los invalida, y la injusticia y la conveniencia se convierten en las reglas del juego, debemos alzar nuestra voz fuerte y clara.
 
David Harris es Director Ejecutivo del American Jewish Comitee (AJC) 

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